sábado, 21 de julio de 2018

Feliz

Se puede ser más feliz pero ahora mismo no se me ocurre cómo. Este estado de plenitud que andamos buscando como locas. Este estado en el que te das cuenta de que esa locura no tenía ningún sentido, porque ese estado ya estaba antes de buscarlo, está ahora y estará siempre. Anoche recordé un cuentito en el que un pobre señor se hallaba sentado sobre una caja al lado de una carretera. Él pedía limosna a todo el que pasaba, día tras día, semana tras semana. Pasaron muchos años, diez, veinte, treinta... un día paró una chica a su lado. Él, como era su costumbre, le pidió limosna, algo, cualquier monedilla que pudiera darle, era tan pobre, vivía con tanta escasez, era tan desgraciado... Y mil pensamientos de ese estilo que se repetía constantemente. La chica le preguntó, curiosa, por lo que había en la caja sobre la que el pobre señor se había sentado durante más de treinta años. Él respondió que no tenía ni idea, nunca había mirado. Entonces, ella le echó una mano para levantarse, ya que estaba completamente entumecido. Consiguió levantarse, abrieron la caja y "voilá", cientos de monedas de oro resplandecientes guiñaban sus ojos en un rítmico gesto. Habían estado allí todo este tiempo. Sentado sobre su abundancia pero viviendo en lo que él había creído con más fuerza, en su escasez. Yo ahora estoy sentada, descansando, serena sobre mi abundancia, estos millones de granos de arena blanca, este mar en calma, el aire cálido del atardecer, melón dulce en mi boca y mi amor en paz... Desde Dinard, Bretagna. Francia. Con mi mirada encontrada en tus ojos.
tu

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